9/28/2011

Cómo protejerse de las SECTAS.

¿Cómo se puede aprender a discernir si un grupo es o no una secta destructiva? ¿Cuáles son los elementos determinantes que diferencian las organizaciones inocuas de las peligrosas? En este documento se señalan con mayor detalle las características generales de las sectas destructivas de forma que usted pueda protegerse a sí mismo de su influencia. Se intento ofrecer una respuesta a algunas de las preguntas que con mayor frecuencia se formulan sobre las sectas. Al final, hay una lista de preguntas que cualquiera puede utilizar para iniciar la evaluación de un grupo.
Al examinar y evaluar cualquier grupo del que se sospecha que pueda tratarse de una secta destructiva, hay que fijarse antes que nada en el terreno de la psicología y no en el de la teología o la ideología. Los marcos de referencia para valorar las sectas destructivas son los procesos de influencia del control mental, hipnosis y psicología de grupos. Hay que observar lo que hace el grupo, no lo que dice.
El derecho que tiene una persona a creer no significa, sin embargo, la concesión automática de una licencia para actuar indiscriminadamente de acuerdo a dichas creencias. Si fuera así, los grupos partidarios de la supremacía blanca podrían deportar e incluso asesinar a todas las personas no blancas del país, o las sectas satánicas podrían dedicarse abiertamente a asesinar en sus sacrificios rituales.
Si un grupo cree que está bien mentir a los foráneos con el propósito de avanzar en su causa, y dicha mentira infringe los derechos del individuo garantizados por la Constitución, está violando su libertad. De igual manera, si un grupo viola día tras día los derechos civiles de sus miembros mientras trabaja para destruir la democracia, entonces no se sirve a la libertad. Debe existir una protección igualitaria de las libertades bajo la ley. La gente tiene derecho a librarse de las influencias de las sectas destructivas, lo mismo socialmente que como individuos.
Desde luego, algunas personas pueden responder con algo así como: «¿Por qué tengo que preocuparme de estas cosas? Siempre hay alguien que viola mis derechos cada día, y no hay nada que yo pueda hacer para evitarlo». Reconozco que existen muchos factores en nuestra vida que en apariencia van más allá de nuestro control, pero las personas deberían tener cierto control cuando se trata de adherirse a un grupo Al prevenir que otros violen sus derechos individuales, usted puede impedirles que le perjudiquen como persona. Después de todo, lo que destruyen las sectas que utilizan el control mental es la vida de las personas.
Veamos un ejemplo. Suponga que usted conoce a alguien de quien sospecha que es un reclutador de una secta destructiva. Tal vez usted no le hubiera dado a esta persona ni la hora si no fuese por el hecho de que él o ella es especialmente atractivo. Esta persona no deja de insistir para que usted asista a determinada reunión. Usted no tiene interés en ir, pero en cambio no deja de pensar que le agradaría conocer mejor a dicha persona. En una situación como ésta, la regla básica a seguir es: No le dé su número de teléfono ni su dirección hasta no saber algo más. Conténgase, aunque le resulte difícil, porque quizá su derecho a la intimidad esté a punto de ser violado por alguien que representa a un grupo muy bien organizado que no se da por vencido con facilidad.
Muchas personas acaban por sucumbir a la constante presión. Provistos de su dirección o de su número de teléfono, los miembros del grupo pueden ejercer esta presión de una manera muy directa. Y cuando usted se convierte en miembro de una secta destructiva, pierde por completo su derecho a la intimidad, y en el futuro puede sufrir graves daños.
Los grupos que se califican cómo sectas destructivas tienen unas características muy especificas que socavan el libre albedrío y la libertad del individuo. Las tres áreas básicas para juzgar a un grupo son liderazgo, doctrina afiliación. Al examinar estas tres áreas, usted podrá determinar sin lugar a dudas si determinado grupo puede llegar a ser una secta destructiva.
Liderazgo
A pesar de que las sectas destructivas intentan disfrazar lo mejor posible la verdadera naturaleza de su organización, un buen punto de partida para recabar información y hacer una primera valoración es el liderazgo. ¿Quién es el líder del grupo en cuestión? ¿Cuál es su historial personal? ¿Qué tipo de educación, aprendizaje u ocupación ha desarrollado antes de formar el grupo? El líder de una secta (Eugene Spriggs) había sido pregonero de una feria de atracciones (la persona encargada de convencer al público para que asista a un espectáculo determinado). Otro líder de secta (Werner Erhard, de est y Forum) había vendido coches usados y más tarde enciclopedias. Otro (Carl Stevens, de The Bible Speaks -La Biblia habla-) era conductor de un camión de reparto de una panaderia, mientras que el quizá. más famoso de todos (L. Ron Hubbard, de Scientology -Cienciología-) se inició como escritor de ciencia ficción. Otro líder de secta bien conocido (Victor Paul Weirwille, de The Way International -El Camino Internacional-) obtuvo su doctorado en teología en una academia por correspondencia.
En contra de lo que cree la mayor parte de la gente, no todos los líderes de sectas fundan un grupo porque ambicionen más dinero o poder político. Incluso el reverendo Jim Jones, que ordenó la masacre del Templo de la Gente en Jonestown, era un muy respetado ministro de la Iglesia con un largo currículo de trabajo en favor de los pobres. Sin embargo, es de dominio público que en algún momento comenzó a tomar anfetaminas, tal vez con el propósito de aumentar su capacidad de trabajo y poder así ayudar a un mayor número de personas. Conoció a otros líderes comprometidos en las falsas «curaciones por la fe», y comenzó a experimentar con estas y otras técnicas para «enardecer» a su congregación. Conforme su poder crecía, se volvió más y más inestable. Resulta interesante observar que muchos de los actuales líderes de sectas han sido antaño víctimas de un grupo de control mental Cuando una persona es sometida a procedimientos de control mental y abandona el grupo sin recurrir después al consejo profesional, le resulta muy fácil aprovechar lo que ha aprendido y ponerlo en práctica con los demás. Desde luego, no todos los ex miembros fundan su propia secta, pero hay personalidades que están dispuestas a hacerlo. A mí me parece obvio que algunos líderes de sectas tienen complejo de inferioridad y una personalidad un tanto antisocial. A pesar de que muchos líderes desean y necesitan la opulencia material, lo que buscan es, en mi opinión, atención y poder. De hecho, el poder acaba por convertirse en una adicción. Con el tiempo, los líderes de sectas desarrollan la necesidad de tener más y más poder. Lo que hace muy peligrosos a estos individuos es su inestabilidad psicológica, y el hecho de que llegan a creer en su propaganda. No son sólo unos astutos maestros de la superchería que quieren obtener dinero, Según mi experiencia, la mayor parte de ellos creen realmente que son «Dios», el «Mesías» o un maestro iluminado.
¿Tiene el líder del grupo antecedentes delictivos? Si es así, ¿de qué lo acusaron? ¿Fue condenado? Si bien los antecedentes de un líder no tienen por qué revelar siempre que es un delincuente o un charlatán, donde hay humo siempre hay fuego. Resulta sorprendente la cantidad de líderes de sectas que tienen antecedentes dudosos.
Al observar la biografía de un líder y su estilo de vida, usted puede sacar algunas conclusiones generales acerca del grado de confianza que le puede otorgar. Por ejemplo, si una persona está pronunciando un discurso sobre cómo tener una buena relación matrimonial, el hecho de que se haya divorciado tres veces es significativo. Si un líder tiene antecedentes por consumo de drogas y comportamiento anormal, como es el caso de L. Ron Hubbard, yo aconsejaría no tomarse muy en serio sus proclamas de que es capaz de resolver todos los problemas de la humanidad. Cuando Sun Myung Moon declara que sus actividades están en favor de la paz mundial, recuerde que es el propietario de una fábrica de fusiles M-16 en Corea.
Otro aspecto importante del liderazgo se refiere al flujo de poder dentro de la organización. ¿Cuenta la organización con una estructura dotada de un verdadero equilibrio de poder? Muchas sectas destructivas tienen una junta directiva, pero lo habitual es que sus integrantes sólo sean marionetas del líder. Su estructura auténtica es una pirámide con el líder de la secta como cabeza omnipotente (en la cúspide). Por debajo de él (o ella) hay un grupo de lugartenientes, totalmente serviles. Después encontramos a los sublíderes. Esta estructura operativa no permite ningún tipo de controles o inspecciones. El líder detenta el poder absoluto. Lord Acton tenía toda la razón cuando escribió: «El poder tiende a corromper, y el poder absoluto corrompe absolutamente».
Si un líder tiene unos antecedentes personales dudosos y estructura su organización de tal forma que todo el poder se centralice y esté controlado por él, el grupo posee las características de una secta destructiva. En cambio, si en el sistema hay previstos medios de control e inspección, y el líder está obligado a satisfacer las necesidades y objetivos de los miembros, la organización resultante será mucho más sana.
Tenga presente que una secta destructiva no siempre tiene un líder que es glorificado (para los extraños) o que disfruta de una gran riqueza personal. Dado que muchos líderes actuales de sectas destructivas estuvieron también afiliados a una secta, quizás actúen así por pura desilusión y por el control mental, y no con una intención deliberada de obtener dinero y manipular a la gente. He atendido a muchas personas que abandonaban grupos cuyos líderes no «iban detrás del dinero» pero que, en mi opinión, eran adictos al poder personal. Muchas sectas destructivas bíblicas tienen líderes que no son «adictos» conspicuos, y que ponen como autoridad máxima a Dios y la Biblia; sin embargo, su interpretación de la Biblia y de la voluntad de Dios es utilizada para manipular y controlar a las personas.
Doctrina
Dado que la Constitución protege el derecho de las personas a creer en lo que les apetezca creer, un estudio en profundidad de la doctrina de cualquier sectario ofrece garantía alguna y es innecesaria. Sin embargo, pienso que las creencias del grupo deben ser explicadas abiertamente a toda persona que desee afiliarse.
La doctrina del grupo, ¿proclama públicamente ser una cosa cuando en realidad es otra? Me refiero al factor estructural de la existencia de una doctrina interior y otra exterior. Para que una secta posea integridad, es importante que los miembros crean de verdad en aquello que la secta afirma creer. Sin embargo, las sectas destructivas cambian la «verdad» para adecuaría a las necesidades de la situación, porque creen que el fin justifica los medios. Ayudar a la «salvación» de alguien es una racionalización utilizada para justificar el engaño y la manipulación. Las organizaciones legítimas no cambian sus doctrinas para engañar al público.
Afiliación
La afiliación es el último y más importante criterio para la evaluación de las sectas. La he dividido en tres componentes: reclutamiento, mantenimiento del grupo libertad para marcharse. El impacto de la afiliación al grupo sobre el individuo, su identidad, sus relaciones, y la modificación de sus objetivos e intereses es algo fundamental. Ésta es el área donde concentro mis análisis cuando hago la evaluación de una secta.
La característica básica del reclutamiento en la mayoría de las sectas es el engaño. Como ya he dicho antes, las sectas destructivas no tienen el menor inconveniente en utilizar el engaño para reclutar nuevos adeptos. Actúan con la presunción de que la gente es demasiado «ignorante» o muy poco «espiritual» para saber qué les conviene. En consecuencia, se atribuyen la prerrogativa de tomar las decisiones por las personas que reclutan. Cuando las facultades críticas del individuo están intactas y a pleno rendimiento, la información que le proporciona la secta destructiva es muy escasa. Sólo cuando tales facultades se hallan disminuidas y no funcionan correctamente, la secta le brindará más información. El engaño incluye las mentiras más descaradas y el ocultar o distorsionar informaciones importantes.
La mayor parte de los reclutadores de las sectas destructivas negarán que intenten reclutar, a nadie. Cuando se les pregunta qué están haciendo, por lo general responden que sólo quieren compartir algo significativo y dar la oportunidad de reflexionar sobre el tema. Lo que no le dirán al recluta en potencia es que deben alcanzar unas cuotas de reclutamiento.
La práctica del engaño por parte de las sectas destructivas llega a la utilización de diversas «organizaciones pantalla» que sirven para confundir al posible recluta y ocultar los auténticos propósitos de la organización. El ciudadano corriente ignora por lo general las conexiones entre estos diferentes grupos.
Cuando se establece una relación de reclutamiento, el reclutador busca la máxima información del posible recluta para establecer la forma más efectiva de atraerlo al grupo. Un reclutador eficaz sabe cómo aprovecharse de los puntos débiles de una persona: problemas con el novio o la novia, con los padres u otros miembros de la familia, en el trabajo o la facultad; el fallecimiento de un amigo cercano o un pariente; el traslado a una nueva ciudad, ó lo que sea. Un buen reclutador sabe cómo conseguir que la «presa» se sienta cómoda para poder sonsacarle informaciones muy íntimas y confidenciales.
Mientras tanto, el reclutador revela lo mínimo posible acerca de sí mismo, y menos aún sobre el grupo, a no ser que resulte absolutamente necesario. La mayor parte de la información la suministra el recluta. Este, desequilibrado flujo de información es otra señal de advertencia de que algo está mal.
Casi siempre, la impresión más común que recibe el recluta en potencia es que está haciendo un nuevo amigo. Sin embargo, en el mundo real las amistades necesitan cierto tiempo para consolidarse. No se hacen de la mañana a la noche. Los dos individuos comparten más y más información personal de manera recíproca, con muy poco o a veces ningún desequilibrio: cada persona da y recibe de forma equilibrada. Tampoco hay objetivos ocultos.
Cuando el posible converso es invitado a una reunión o un seminario de la secta, le someten a una gran presión, tanto abierta como disimulada, para que se comprometa lo antes posible. Las sectas destructivas, como los buenos estafadores, entran a matar en cuanto han calibrado a la víctima. No les conviene permitir una reflexión tranquila. Por contra, en los grupos legítimos no mienten al converso en potencia ni le presionan para que se comprometa rápidamente.
Una secta destructiva reclutará nuevos miembros mediante el empleo de técnicas de control mental. El control de las experiencias del individuo es esencial para quebrarlo, adoctrinarlo y volver a formarlo a imagen de la secta. Durante la etapa de reclutamiento, los marcos de referencia de la identidad personal sufren un cambio drástico. A veces, mientras le están adoctrinando, no se le permite ponerse en contacto con su familia o amigos durante días o semanas. Cuando vuelve a verles, el cambio radical de su personalidad resulta evidente. El individuo cambia con frecuencia su manera de vestir y de hablar, y actúa con un distanciamiento que no le es propio. A menudo, ha perdido el sentido del humor. Sus intereses anteriores, aficiones y metas pueden ser abandonados «porque ya no son importantes».
Este cambio de personalidad parece reducirse después de un tiempo, si el individuo no continúa en contacto con el grupo ni participa en sus actividades. Sin embargo, cuando se mantiene el contacto (por teléfono o en reuniones del grupo), la nueva identidad se fortalece cada vez más.
Para la familia y los amigos, la persona parece no sólo más distante, sino también falsa y evasiva. En ocasiones es posible convencerla para que revele sus nuevas creencias. Lo más frecuente, no obstante, es que el nuevo miembro pida a familiares y amigos que hablen con miembros más antiguos o con los líderes, «porque ellos pueden explicarlo mejor».
El síntoma más revelador del trabajo de una secta destructiva es este radical cambio de personalidad que sufre el nuevo miembro. Quizás antes fuese partidario de la política liberal, pero ahora es un fanático conservador. Le podía gustar la música rock, pero ahora piensa que es algo diabólico. Tal vez fuera muy cariñoso y estuviese muy unido a su familia, pero ahora no confía en ellos para nada. Podía ser ateo, pero ahora Dios lo significa todo para él. Por descontado que la gente cambia sus creencias y valores como consecuencia natural de las experiencias de su vida. Sin embargo, cuando intervienen el engaño y el control mental, el cambio es espectacular, repentino y elaborado por medios artificiales. Una y otra vez he oído comentar a los familiares: «Ahora es una persona diferente. ¡Ya no sabemos quién es!».
Se sabe de personas que tras ingresar en una secta han cambiado de nombre, abandonado los estudios o el trabajo, hecho donación de sus ahorros y propiedades, y se han trasladado a cientos o miles de kilómetros de su casa. Sin embargo, la ausencia de estos requisitos no significa por fuerza que el grupo no sea una secta destructiva. Es cada vez mayor el número de grupos que deliberadamente postergan estas prácticas durante algún tiempo con el propósito de acallar cualquier sospecha.
Cada situación y cada grupo deben ser considerados por separado en cuanto a su impacto sobre la vida del individuo, El reclutamiento se hace paulatinamente; en algunos casos, el comportamiento de una persona tarda varios meses en cambiar, aunque lo más normal es que cambie en sólo días o semanas.
El mantenimiento de la afiliación se consigue mediante las actividades de la secta deliberadamente organizadas para socavar las relaciones del nuevo miembro con sus familiares y amigos. Una manera de lograr este objetivo es encomendar al nuevo miembro que reclute a todos sus conocidos. Mientras los familiares y amigos sean «carne cruda», como los denominan en la Iglesia de la Cienciología, los reclutas tienen permiso para estar y trabajar con ellos. Pero tan pronto como manifiestan su inquietud y anuncian que jamás se unirán al grupo, los líderes ordenan al nuevo miembro que deje de malgastar su tiempo con los no creyentes. En última instancia, si la familia del nuevo adepto se muestra demasiado crítica con la secta, le dirán a éste que corte todos los contactos. Las sectas destructivas no pueden tolerar ningún tipo de oposición. O bien la gente está de acuerdo con el grupo (y se les ve como posibles conversos), o son el enemigo.
Cuando el individuo se convierte en miembro, sus patrones de sueño a menudo sufren cambios sustanciales. La privación del sueño es algo habitual en muchas sectas destructivas. Cualquiera que haya pasado varias noches sin dormir, o haya tenido que permanecer toda la noche en pie por motivos de trabajo o de estudio, recordará qué difícil es funcionar normalmente sin las suficientes horas de sueño. En muchas sectas se aseguran de que los miembros duerman sólo de tres a cinco horas por noche. No es que estos grupos tengan una norma escrita al respecto -la mayoría no la tiene-, simplemente se cercioran de que el individuo esté tan saturado de trabajo que no le quede mucho tiempo para dormir. También prodigan alabanzas a los líderes que duermen muy poco y denigran a quienes duermen demasiado. Con el tiempo, los adeptos aprenden a dormir muy poco.
Los cambios en las dietas alimenticias también son frecuentes al adherirse a una secta. Algunos grupos practican el vegetarianismo más estricto, pero utilizan excesivas cantidades de azúcar para que los miembros se sientan «enardecidos». Hay sectas que promueven largos y frecuentes ayunos, con muy pocos o ningún cuidado para el cuerpo ni antes ni después. Existen incluso un par de grupos que hacen que los adeptos busquen su comida en los cubos de basura. Se producen drásticos cambios de peso. Aunque la mayoría de la gente pierde peso durante su permanencia en una secta destructiva, hay quien lo aumenta hasta la obesidad.
Lo que uno come, su actitud hacia la comida y la manera de comer contribuyen al sentido de identidad de la persona. Si a un miembro se le hace sentir que debe «morir para si mismo y para sus necesidades humanas», puede mostrarse de acuerdo en ayunar gran parte del tiempo y negarse cualquier placer en la comida. Si una persona es muy desgraciada y sus necesidades emocionales no son satisfechas, el resultado puede ser el exceso de peso. Los individuos obesos, por lo general, son ridiculizados por los adeptos, quienes les hacen sentirse culpables e indefensos, a no ser que se dé el caso de que el líder de la secta sea gordo o le agrade la gente gorda. Al contrario de lo que piensa mucha gente, las más de las sectas que practican el control mental no privan sistemáticamente a sus miembros de una comida decente. Si lo hicieran durante mucho tiempo, se resentirían sus cuerpos y no estarían en condiciones de trabajar.
Las sectas destructivas se caracterizan, sin embargo, por hacer muy poco para mantener la buena salud de sus miembros en todos los sentidos. Las enfermedades psicosomáticas abundan entre los adeptos, tal vez como un reflejo de su necesidad inconsciente de ayuda y cuidado. Los tratamientos médicos son mínimos, y en algunos grupos virtualmente inexistentes.
En las sectas destructivas se dedica muchísimo tiempo a las actividades de grupo, y se permite sólo un mínimo para dedicarlo a uno mismo, a los amigos o a la familia. No hay casi tiempo disponible para leer nada que no sea literatura de la secta o para aprender cualquier cosa aparte de las prácticas del grupo. Claro está que los miembros utilizan todos los medios para convencer a los foráneos de que llevan una vida «normal». Sin embargo, si entabla conversación con un adepto y conduce la charla a temas de actualidad, o arte, o historia, quedará patente que la mayoría de ellos no están enterados de nada.
Uno de los síntomas más evidentes de que una persona está en un grupo de control mental es la falta de capacidad para tomar decisiones independientes. A pesar de que los adeptos intentan convencer a los extraños de que son autónomos, en cuanto se rasca un poco la superficie resulta obvio que no pueden tomar decisiones importantes sin primero pedir permiso a sus superiores. Este tipo de dependencia es evidente en todos los niveles de la secta excepto en la cumbre.
Los adeptos a menudo les dicen a sus familiares que «ya verán» si pueden ir a su casa por sucesos familiares importantes, como una boda, un sepelio o un cumpleaños. Lo cual significa que deberán preguntar a su líder. De la misma manera, los miembros de una secta tienen que pedir permiso para hacer cualquier cosa que la mayor parte de la gente da por sentada. Es casi imposible de imaginar que una persona deba tener permiso de un sacerdote para ir a visitar a un pariente enfermo. Sin embargo, un miembro de uno de estos grupos que simplemente vaya y haga lo que considera necesario es tildado de «egoísta», «independiente», «rebelde» y enemigo del «desarrollo positivo». De hecho, cuanto más control hay en el grupo, más difícil resulta que una persona pueda salir para visitar a un pariente enfermo o asistir a una boda, a un funeral, o a cualquier otra «actividad exterior». Algunos grupos llegan al extremo de controlar todas las relaciones sociales, y dicen a sus miembros con quién pueden o no tener una cita, e incluso con quién pueden o no casarse. Las sectas más extremistas regulan hasta la actividad sexual, indicando a los adeptos cuándo pueden hacer el amor y cuáles son las posturas aceptables, además de apartar a los hijos de sus padres con el propósito de adoctrinarles de una forma mucho más completa.
La vida en una secta destructiva presenta grandes variaciones. Algunas personas pueden vivir con otros miembros en un «ashram», un centro o una casa, mientras que otros miembros contarán con domicilios propios. Algunos adeptos pueden desempeñar tareas domésticas, que les exigen pensar muy poco (como porteros, encargados de mantenimiento, cocineros, asistentes), en tanto que otros están dedicados a trabajos mucho más exigentes (reclutamiento, relaciones públicas, empresas de la secta). Existe un grupo, los Niños de Dios, que animan a sus seguidoras a que se conviertan en prostitutas y actúen como integrantes de las «Happy Hookers for Jesus» (Alegres Busconas de Jesús), utilizando el sexo para ganar dinero y conseguir nuevos adeptos. Estas mujeres operan cerca de las grandes bases militares estadounidenses de ultramar, y se aprovechan de los soldados solitarios.
Algunos tienen un trabajo ajeno a la secta, con horario laboral, lo que les obliga a aislar los procesos mentales inculcados por el grupo. Lo normal es que estas personas, después de su afiliación, continúen con sus trabajos debido al dinero, el prestigio y las oportunidades que tienen para reclutar nuevos adeptos e influir en otras personas. Estos individuos son muy afortunados por disponer de algunas horas lejos del grupo y en contacto con no miembros, porque los efectos perjudiciales de la secta quedan así minimizados.
En la vida diaria de los miembros de las sectas destructivas, a menudo existe una gran variación en el grado en que son afectados por el control del pensamiento, el control emocional, el control del comportamiento y el control informativo. Todos aquellos que tienen prohibidos los «pensamientos negativos» o mantener contactos con críticos o antiguos miembros, incluso si trabajan en el exterior y viven aparte, todavía pueden seguir sometidos a control mental, aunque tal vez con un control no tan rígido como el de quien es un miembro completamente devoto durante las veinticuatro horas del día.
El último criterio para juzgar a un grupo es la libertad de marcharse de los adeptos. En otras palabras, los miembros de las sectas destructivas son prisioneros psicológicos. Como ya he mencionado antes, las sectas destructivas implantan fobias en las mentes de sus seguidores para fomentar el temor a abandonar el grupo. De esta forma, cierran de hecho la puerta a la libre elección. La gente tiene libertad para adherirse, pero no tiene libertad para abandonar una secta destructiva. En realidad, a los ojos de estas sectas, no existe una razón «legítima» para que una persona abandone el grupo.
Los grupos legítimos tratan a los individuos como adultos, capaces de determinar qué es lo que más les conviene. A pesar de que todas las organizaciones intentan retener a sus afiliados, los grupos legítimos nunca llegan a los extremos de controlar a sus miembros por medio del terror y el sentimiento de culpa como hacen las sectas destructivas.
Algunos de los grupos más violentos no vacilan en perseguir y tratar de silenciar a sus antiguos adeptos a través de la violencia encubierta, el acoso legal, la intimidación emocional y el chantaje. Paul Morantz, un abogado que llevaba un caso contra Synanon, un programa de rehabilitación de drogadictos, fue mordido por una víbora de cascabel que miembros de la secta colocaron en el buzón de su casa. Stephen Bryant, ex devoto de los Krishnas, fue asesinado de un disparo en la cabeza por un miembro de la secta, enviado al parecer por uno de los líderes Krishna. Bent Corydon, que perteneció durante 22 años a la Iglesia de la Cienciología, se ha visto sometido a una despiadada persecución legal por haber escrito L. Ron Hubbard: Messiah or Madman? (L. Ron Hubbard: ¿Mesías o loco?), una biografía crítica del fundador de la Cienciología. Jeannie MilIs, ex miembro del Templo de la Gente que denunció sin tapujos al reverendo Jim Jones, fue asesinada por personas desconocidas, junto con su esposo e hijos, después de la masacre de Jonestown.
No hace falta repetir que las personas deben mantener siempre su derecho a decidir por sí mismas si quieren o no permanecer en un grupo. La libertad de escoger no le puede ser arrebatada a nadie que haya decidido afiliarse a cualquier organización.
Aunque uno puede suponer que la información sobre las sectas está al alcance de todo el mundo en las librerías y bibliotecas, la realidad es que hay una gran escasez de libros, cintas de vídeo, películas y otros materiales que contengan explicaciones objetivas sobre las sectas y sus actividades. Los adeptos de las sectas destructivas van a las bibliotecas y librerías a robar o a comprar los libros que tratan de las sectas, en un intento de ocultar al público una información que les es perjudicial.
Hacer preguntas: la clave para protegerse a uno mismo de las sectas destructivas
Aprender a ser un consumidor exigente puede ayudarle a ahorrar tiempo, energías y dinero. En el caso de las sectas destructivas, ser un consumidor exigente puede ayudarle a salvar su mente. Si alguna vez es abordado por alguien que intenta sonsacarle información sobre usted mismo o le invita a participar en un programa, ,usted puede formularle algunas preguntas muy concretas que le ayudarán a eludir a más del 90% de los reclutadores de las sectas. Estas preguntas serán más efectivas si las formula de forma muy directa pero amistosa, y exige respuestas muy concretas.
A pesar de que los más de los grupos utilizan el engaño, es importante tener presente que la mayor parte de los adeptos no se dan cuenta de que mienten en el proceso de reclutamiento. Por este motivo, al formular estas preguntas directas una tras otra, por lo general podrá descubrir si le están contando una historia falsa, o si el adepto no sabe que está mintiendo.
Dado que a los miembros les han entrenado para evitar los pensamientos negativos sobre el grupo, las respuestas serán con frecuencia poco concretas. Entre las tácticas más comunes de los reclutadores figuran el uso de generalidades indecisas, observaciones evasivas e intentos de cambiar de tema. Generalizaciones vagas como: «Tratarnos de ayudar a la gente a superar sus problemas», o «Esta noche ofrecemos una cena gratuita para discutir algunos de los problemas del mundo», o «Es sólo una reunión para estudiar juntos la Palabra de Dios» deben despertar sus sospechas. Los comentarios evasivos del tipo: «Comprendo que se muestre escéptico; yo también lo fui hasta que realmente conseguí la comprensión», o «¿Conque era esto lo que de verdad quería saber?», también deben ponerle sobre aviso.
Otra técnica habitual entre los reclutados es cambiar de tema. Cuando, por ejemplo, usted pregunta si el líder de la secta tiene o no antecedentes delictivos, le pueden soltar un larguisimo monólogo acerca de las persecuciones que han sufrido todos los grandes líderes religiosos del mundo. Pueden charlatanear acerca de que Sócrates fue acusado de molestar a los niños, de que a Jesús se le acusó de vinculación con las prostitutas, etc. No entre en el juego y no se deje llevar a un debate sobre Sócrates o Jesús; a usted lo que le interesa es una respuesta concreta sobre el líder del grupo. Si el reclutador no le contesta de forma clara, concisa y directa, puede estar seguro de que algo falta en su respuesta. Existe además una réplica que ningún reclutador es capaz de contradecir: puede usted dejar de escucharle y marcharse con toda tranquilidad.
Jamás debe facilitar su número de teléfono ni su dirección a alguien de quien sospecha que pertenece a una secta. En cambio, pídale usted a él su número de teléfono y dirección, e inicie usted el contacto si es que desea hacerlo. ¡Mantenga el control! No permita que le presionen para sonsacarle información personal; la gente que ha facilitado su dirección y número de teléfono ha sufrido en carne propia las increíbles molestias que esto puede ocasionar.
Sobre todo, no olvide que la gran ventaja que tiene sobre el reclutador es la posibilidad de formularle preguntas directas y profundas. Las preguntas a continuación han demostrado ser de las más efectivas:
· ¿Cuanto tiempo hace que usted (el reclutador) se dedica a esto? ¿Intenta reclutarme para alguna organización?
A mí me gusta saber de inmediato con quién trato. Una persona que no lleve más de un año en una secta destructiva es por lo general bastante inexperta. Es menos probable que mienta, y sus mentiras no resultan tan convincentes como las de un reclutador más experimentado. Si la persona en cuestión está comprometida desde hace muchos años, espero que dé respuestas concretas a todas mis preguntas, y si no es así le espetaré algo como:
«¡Vaya! ¡Es usted un adepto desde hace X años y no sabe la respuesta!».
Cuando se plantea el tema del reclutamiento, casi siempre la réplica del reclutador será: «No. Es sólo que usted me agrada y quisiera compartir esto con usted. Lo que decida hacer con la información es cosa suya». Maravilloso. No olvide la respuesta, porque si el grupo resulta ser una secta destructiva, llegará un momento en que le resultará obvio que quieren reclutarlo. En ese instante, puede recordar que el reclutador le mintió. Muéstrese lo bastante enfadado y márchese.
· ¿Puede usted decirme los nombres de todas las organizaciones que dependen de este grupo?
Lo que se pretende descubrir con esto es el nombre de los grupos que sirven de pantalla. Es bastante habitual que esta pregunta pille al reclutador con la guardia baja, y le pregunte a su vez qué pretende usted decir. Insista en saber si existen otros grupos u organizaciones que la secta utilice o haya utilizado antes como filiales. Si el reclutador contesta que no lo sabe, pídale que lo averigüe y que haga una lista por escrito. Usted le llamará al día siguiente para conocer los nombres.
Incluso aunque su interlocutor le diga que no existen otros nombres, en algún momento puede usted descubrir que miente. Es su oportunidad para montar en cólera, volverse agresivo y marcharse. Si nunca formula esta pregunta, entonces no podrá tener la seguridad de que le han mentido.
· ¿Quién es el líder supremo? ¿Cuáles son sus orígenes y calificaciones? ¿Tiene antecedentes delictivos por alguna causa?
Quizá consiga una respuesta concreta a estas preguntas. El reclutador tal vez le diga el nombre del líder supremo. Lo más probable es que no consiga nada en ambos casos. En ocasiones dan el nombre del sublíder en el país, la provincia o la ciudad, en un esfuerzo por encubrir la verdad. También es posible que él ignore los orígenes del líder y si tiene o no antecedentes delictivos, porque jamás se preocupó de averiguarlo. En tal caso usted puede preguntarle: «¿Cómo es que se ha comprometido con un grupo sin inquirir primero estas cosas?». No lo olvide: las sectas destructivas intentan primero atraer a la gente antes de revelar informaciones importantes. Un grupo legítimo siempre facilitará primero la información, y sólo pedirá la afiliación cuando la persona esté dispuesta.
· ¿Cuál es la creencia del grupo? ¿Creen que el fin justifica los medios? ¿Se permite el engaño en ciertos casos?
A la mayor parte de los reclutadores no les gusta dar en el acto explicaciones acerca de sus creencias. Están entrenados para despertar su curiosidad y llevarle a oír una conferencia, a ver un vídeo o a participar en un programa. Si lo consiguen, saben que dispondrán de una mejor oportunidad de influirle al tenerle en su propio ambiente.
Si el reclutador no está dispuesto a resumir en ese mismo instante los puntos clave de las creencias del grupo, puede estar seguro de que le oculta algo. Desde luego, él puede argumentar que tiene miedo de que usted haga una interpretación errónea basada en una breve descripción. De todos modos, insista. Cualquier grupo legítimo es capaz de resumir sus principales creencias. Pero éste no es el caso de las sectas destructivas. Si más tarde descubre que el resumen es una grosera distorsión plagada de inexactitudes, tiene todo el derecho a enfadarse e irse. Los miembros de la secta intentarán seguramente convencerle de que se han visto obligados a mentirle porque la prensa y la televisión le han lavado a usted el cerebro y le han predispuesto contra ellos, por lo que nunca les hubiera escuchado si le decían la verdad.
No pase por alto esta racionalización de que «el fin justifica los medios». Ninguna organización legítima necesita mentir para ayudar a la gente.
· ¿Qué se espera que hagan los miembros después de afiliarse? ¿Tengo que abandonar la universidad o el trabajo, donar mi dinero propiedades, o apartarme de familiares y amigos que se opongan a mi adhesión?
Si la persona que le aborda es reclutador de una secta destructiva, le dirá que no tendrá que hacer prácticamente nada después de su ingreso. Sin embargo, esta pregunta consigue que la mayor parte de los adeptos se muestren muy incómodos y a la defensiva. Observe con atención las reacciones no verbales del reclutador mientras le plantea esta cuestión. Pregúntele qué hacía él antes de unirse al grupo y qué hace ahora.
· ¿Existen controversias acerca del grupo? Si la gente formula críticas, ¿cuáles son las principales objeciones?
Ésta es una pregunta definitiva, que sirve para determinar cuánto sabe la persona o cuánto está dispuesta a discutir. Si formula la pregunta con toda cortesía y acompañada de una sonrisa, se sorprenderá de las muchas veces que le contestarán: «Bueno, hay quien opina .que somos una secta y que a todos nos han lavado el cerebro. ¿No le parece ridículo? ¿Tengo yo pinta de que me hayan lavado el cerebro?». A este, último punto, suelo responder: «Vaya. ¿Y qué pinta tienen las personas a quienes les han lavado el cerebro?». Por lo general, compruebo que mi interlocutor se siente muy incómodo, y si continúo insistiendo busca una excusa para marcharse.
· ¿Cuál es su opinión sobre los ex miembros de su grupo? ¿Se ha sentado alguna vez a hablar con un ex miembro para averiguar por qué abandonó el grupo? Si no es así, ¿por qué no lo ha hecho? ¿Impone su grupo restricciones a la comunicación con antiguos miembros?
Esta serie de preguntas es una de las más reveladoras que se pueden formular a un adepto. Cualquier organización legítima jamás desaconsejará el contacto con antiguos seguidores. Del mismo modo, apoyará la decisión que tome el miembro, incluso si ésta no es de su agrado.
En cambio, las sectas destructivas no aceptan ninguna justificación para la marcha de un adepto, cualquiera que sea el motivo. Además, las sectas inculcan el miedo en sus afiliados, para asegurarse de que se mantienen apartados de quienes les critican y de los ex miembros. Pese a que algún reclutador experto, cuando usted insiste y quiere saber más detalles., pueda responder: «Claro, algunos de mis mejores amigos se han marchado», acabará por descubrir que le ha mentido. Cuando me dan una respuesta parecida, ya a mi vez les pregunto: «¿Cuáles son los motivos concretos que motivaron su marcha?», y «¿Le han dicho si son más felices ahora que antes de abandonar la secta?». Una vez más, el reclutador no sabrá qué responder.
· Dígame las tres cosas que menos le gustan del grupo y de su líder
Soy incapaz de recordar cuántas veces he visto a los reporteros y a los entrevistadores de televisión preguntar a los miembros de una secta si les han lavado o no el cerebro. El adepto, por lo general, sonríe y responde: «Desde luego que no. Es ridículo». Sin embargo, es absurdo esperar una respuesta objetiva de alguien que está bajo control mental. Una pregunta mucho más acertada es: «Dígame tres cosas que no le agraden del grupo o del líder». Si tiene la oportunidad de coger desprevenido al adepto y le formula esta pregunta, le sugiero que observe con cuidado la expresión de su cara. Se le dilatarán las pupilas de sus ojos, y por un momento se quedará atónito. Cuando por fin responda, probablemente dirá que no puede pensar en algo que no le guste. Los miembros de una secta, por lo general, dan esta respuesta con ligeras variantes, porque no están autorizados a formular críticas, y menos por televisión.
Si tiene ocasión de seguir preguntando, intente averiguar qué otra cosa le gustaría hacer en la vida aparte de pertenecer al grupo. La respuesta habitual es: «Nada».
La pregunta definitiva es si la persona ha tenido tiempo o no para hablar con antiguos adeptos y leer informaciones críticas a fin de efectuar su propia valoración. Un individuo sometido a control mental puede decir que sí. No obstante, muy a menudo he visto cómo sus familiares le llevaban la contraria, y en general el adepto no replica. Si lo hace, es que está en camino de abandonar el grupo.
Si usted ha formulado todas estas preguntas y está razonablemente convencido de que la persona con la que habla es sincera, y está interesado en saber más del grupo, le recomiendo que haga aún varias cosas. Puede plantear las mismas preguntas a otros miembros del grupo y ver si coinciden las respuestas. Si hay grandes diferencias, puede intentar enfrentarlos a este hecho y observar cómo reaccionan.
Antes de participar en cualquier programa, recuerde que aún puede efectuar más averiguaciones por su cuenta sobre el grupo. Póngase en contacto con alguna organización especializada en sectas para saber si ellos tienen mayor información. No le causará ningún daño ser prudente.
Si así no consigue más información sobre el grupo, y todavía está interesado, asista a una reunión con un amigo de confianza. De esta manera, tendrá a alguien con quien poder discutir todo lo que vea y oiga. Las sectas destructivas, por norma, intentarán siempre encontrar algún modo de separarle de su amigo. La regla es «divide y vencerás». Desde luego, todo parecerá muy espontáneo e inocente, pero el resultado es siempre el mismo. Por lo general, un adepto iniciará una conversación con su amigo mientras otro comienza a formularle preguntas a usted. Al principio estarán juntos, al cabo de unos minutos les separarán un par de metros, y si usted lo permite, al final de la velada estarán en esquinas opuestas de la habitación. Algunos grupos no son tan disimulados y piden a los participantes que se emparejen con personas a quienes no conocen. No permita que nadie les separe. Insista en permanecer junto a su amigo. Si le presionan, o si tiene que enfrentarse con los líderes del grupo, márchese.
Si se ve inmerso en una sesión de adoctrinamiento, póngase de pie y anuncie que no le agrada que le manipulen y controlen. Cuanto más alto hable, más rápido le expulsarán de la habitación. ¿Quién sabe? Tal vez otras personas aprovechen la oportunidad para marcharse con usted.
No permita que le venza la curiosidad. Demasiada gente ha sido reclutada por estas organizaciones porque se creían capaces de poder «controlar» cualquier situación. La curiosidad y el exceso del confianza significaron la caída de muchas personas. Ponerse uno mismo en una situación peligrosa no vale la pena.

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